Comunicación móvil, productos milagros y acceso a la información
Hasta hace unos pocos años, la comunicación móvil no constituía un tema de interés de los académicos. Recientemente han emergido en todo el mundo un cúmulo de estudios sobre los efectos y las implicaciones de la movilidad, ceñidos en este caso a los dispositivos inalámbricos, principalmente el teléfono celular, pero no exclusivamente. Abona a este naciente interés la existencia de más de 6 mil millones de teléfonos celulares en el mundo, una cifra que en pocos años podría alcanzar la prometida cobertura universal, aunque matizada por las brechas y los manchones de exclusión social que siempre persisten cuando una tecnología ha alcanzado su máximo potencial de diseminación.
Es por esta razón que Derecho a Comunicar se dio a la tarea de convocar a una reflexión sobre el tema, y reunir algunas de las indagaciones más recientes en la materia. Como podrá darse cuenta el lector, la línea de investigación sobre comunicación móvil ha comenzado a dar sus primeros pasos, resultado del rápido desarrollo de las tecnologías móviles y el aún más acelerado uso y apropiación de estos dispositivos que, como sostienen los especialistas en el tema, han transformado los hábitos y las prácticas culturales y comunicativas de los usuarios. Esta línea de investigación promete profundizar aún más y por eso encontramos estudios preocupados por la convergencia de servicios, centrados en la estructura de la industria de la telefonía móvil o en los usos y apropiaciones.
Los académicos Juan Miguel Aguado e Inmaculada J. Martínez –de la Universidad de Murcia–, así como Claudio Feijóo de la Universidad Politécnica de Madrid, plantean el papel que estarían jugando los contenidos digitales y la comunicación móvil en la transformación de Internet. Asentados en España pero con una perspectiva global, advierten con acierto que las tecnologías de la movilidad ya no pueden concebirse sin el acompañamiento omnipresente de la conectividad dentro de un ecosistema mediático y convergente. Aluden a algunos actores –operadores, fabricantes y desarrolladores, productores y agregadores de contenidos– que estarían interviniendo en la configuración de la red de redes en función de la movilidad y sus intereses en ella.
Jorge Bravo, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), emprende una vinculación conceptual entre el sistema de construcción social de la tecnología y la economía política de la comunicación y la cultura, para analizar el teléfono celular como artefacto socio-técnico. El estudio desemboca en una recopilación de cifras globales que, a decir del autor, estarían configurando diversas cartografías de concentración quienes participan de la industria de la telefonía móvil.
Se sabe que los jóvenes es el grupo social que mejor ha sabido aprovechar las nuevas tecnologías, pero no siempre se tienen datos que revelen esa vinculación. Cuatro investigadoras, Delia Crovi Druetta (UNAM), Luz María Garay (Universidad Pedagógica Nacional), Rocío López González (Universidad de Sonora) y Maricela Portillo Sánchez (Universidad Autónoma de la Ciudad de México) analizan los usos y apropiaciones de la telefonía móvil entre estudiantes de tres instituciones de educación superior en México. Diseñaron un instrumento metodológico, aplicaron 617 cuestionarios a estudiantes entre 17 y 24 años y algunos de los resultados de la investigación se dan a conocer en un artículo cuyas conclusiones revelan semejanzas y divergencias en el uso del teléfono celular.
Completa este dossier sobre comunicación móvil la pesquisa de Verónica Almanza e Ignacio Rodríguez sobre uso, consumo y apropiación del teléfono celular entre usuarios del Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México. Los investigadores establecen una vinculación entre espacio urbano y movilidad para conocer los hábitos de consumo de los usuarios de telefonía inalámbrica. A través de numerosas gráficas, el lector constatará algunas de las prácticas más comunes, pero también otras menos conocidas, entre usuarios que a diario portan consigo su dispositivo de comunicación inalámbrica.
* * *
Acompaña esta tercera entrega de Derecho a Comunicar una novedosa y crítica revisión de los llamados “productos milagro” y su relación comercial con los medios de comunicación en México. Patricia Ortega, Elsie Mc Phail (Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco) y Aimée Vega Montiel (UNAM) cuestionan el deteriorado sistema de salud, los vacíos regulatorios, las insuficiencias éticas y la complicidad de los medios a la hora de anunciar en televisión la pléyade de productos que buscan engañar a las audiencias por sus supuestas cualidades milagrosas, sin mencionar los riesgos que para la salud pudieran acarrear.
De la Universidad Autónoma del Estado de México, José Luis Estrada realiza una indagación y diagnóstico de 125 municipios de la entidad mexiquense a través de sus respectivos portales de Internet. La revisión de los sitios web le permite señalar y advertir las insuficiencias y dificultades para el acceso a la información y la transparencia en el Estado de México, contrario al mandato constitucional que ordena la mayor publicidad posible en los actos de gobierno. Al final denuncia el desdén de los ayuntamientos locales por el acatamiento de la ley y la transparencia.
Como ya es costumbre, este número remata con un par de reseñas. Mariana Torres describe el contenido de Poder, medio y cultura. Una mirada crítica desde la economía política de la comunicación, obra colectiva coordinada por Luis A. Albornoz, y que reúne a algunos de los principales exponentes de la economía política a nivel iberoamericano para debatir sobre los desafíos de esta disciplina en el contexto global, la convergencia y la explosión de los nuevos contenidos digitales.
Finalmente, Edgar Valencia reseña y comenta Simpatía por el rating de Raúl Trejo Delarbre; la disputa por la elección presidencial de 2006 es el marco para analizar la relación de los medios de comunicación y los candidatos del momento. El libro desmitifica algunas creencias comunes que los propios protagonistas de la contienda –incluidos los medios– se encargaron de propagar. Datos duros refuerzan la idea de que una insistente presencia en los medios de comunicación no necesariamente garantiza el acceso al poder.
Esperamos que esta contribución de los colegas descritos (que se suman a las colaboraciones de los dos números anteriores) y de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi), que en noviembre de 2011 cumplió su primera década de existencia, a través de esta ventana electrónica de reflexión académica, contribuyan de la mejor manera a enriquecer la discusión y el debate sobre la necesidad de alcanzar un sistema de medios de comunicación democrático, plural y diverso. Parafraseando a Guillermo O´Donnell, teórico de la democracia en América Latina, los derechos los hemos conseguido, pero hay que seguirlos defendiendo…
Jorge Bravo
Invierno de 2011


